Seminario del Campo Freudiano - Sección La Plata de la EOL

“¿Qué hay de nuevo viejo? El inconsciente y el tiempo”

Participación de Ricardo Seldes en el Seminario Fundamentos del Psicoanálisis, Sábado 5-9-2020

Ricardo Seldes

Paula Vallejo: Buen día a todos! Nos volvemos a encontrar en esta ocasión con un invitado de lujo que aceptó con muchísimo gusto la propuesta que coincidía también con su interés en transmitir algo en particular. Así es que les voy a presentar a nuestro invitado que se llama Ricardo Seldes. Ricardo es psicoanalista AME de la EOL, es el director de Pausa, docente en la Maestría en Psicoanálisis de la UNSAM y también docente del ICdeBA. Además lo felicitamos porque ha sido designado como vicepresidente de la FAPOL que es la Federación Latinoamericana de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana. Creo que todas estas presentaciones son suficientes para abrir el espacio. De modo que los dejamos en manos de Ricardo que va a trabajar sobre el inconsciente y el tiempo.

Ricardo Seldes: Bueno, gracias a Paula por la invitación. Como les decía recién me hubiera encantado estar en La Plata. Saben los que me conocen que las veces que he estado ahí lo he disfrutado mucho. Es una ciudad fascinante.

Será por las diagonales, no sé. Es lo más divertido que tiene La Plata y sus árboles y la gente, en fin. Hace un ratito estaba pensando que no le puse nombre a esta charla, clase, conferencia, en fin una mezcla… Yo llamaría un encuentro con ustedes. Un encuentro que entiendo, como planteó Miller en su Conferencia en el Teatro Coliseo en el 2008, hay algo libidinal que se juega en estas transmisiones, en estas conferencias. Y en un seminario más, porque uno puede conversar. Y entonces pensaba en cómo llamaría a mi intervención de hoy y por supuesto se me ocurrió un chiste. Pensé en Bugs Bunny, creo que todos lo conocen a Bugs Bunny.En Inglés Bugs Bunny siempre dice What’s up, Doc? Pero en castellano se lo tradujo por ¿Qué hay de nuevo viejo? Y entonces me pareció que podría decir que voy a hablar de lo que Bugs Bunny le presenta al Otro diciendo ¿Qué hay de nuevo viejo? Entonces voy a empezar por lo viejo. Por lo viejo, que es nuevo para nosotros. Y voy a tomar o retomar digo por qué uno siempre vuelve a los textos freudianos, la Conferencia XVIII de Introducción al psicoanálisis.

Freud se va a ocupar allí de lo que él llama la fijación al trauma. Y va a señalar que los neuróticos quedan fijados, él ahí usa claramente la palabra fijación. Fijados a un fragmento determinado de su pasado. Y para aclarar un poco más va a decir que justamente no logran emanciparse, liberarse, de ese fragmento del pasado y por lo tanto, dice, quedan enajenados el presente y el futuro. Es decir que esa fijación a lo anterior implica que hay un problema con respecto a lo que implica el tiempo en el sujeto. Entonces él va a plantear que el psicoanálisis, el tratamiento analítico, nos va a permitir discernir, justamente, que dentro de los síntomas de la enfermedad de la neurosis los sujetos se han quedado rezagados en cierto período de su pasado. Y para todavía esclarecer más va a señalar que en la abrumadora mayoría de los casos escogieron -me parece importante esto de decir que se escoge, que uno queda tomado, tocado por algo, pero que al mismo tiempo hay cierta elección ahí- han escogido una fase muy temprana de la vida, una época de la infancia. Y él dice, hasta por risible que parezca, podía ser también una fase de la lactancia.

Todavía va a dar un paso más, ustedes lo saben. Él va a decir que los traumas, o un trauma, está en la base de los síntomas neuróticos. Y cuando va a definir en la misma conferencia lo que implica un trauma se va a remitir a lo que ya había planteado en su trabajo sobre la histeria, sus primeros trabajos sobre la histeria, porque va a retomar la cuestión de que se trata de algo que implica un exceso libidinal. Un exceso libidinal o excesos libidinales que no pueden tramitarse por las vías normales o que todos los intentos por tramitarse por las vías normales fracasan. Es decir que hay algo de la idea del fracaso. Por eso la neurosis, va a decir Freud, es equiparable a una enfermedad traumática. Lo va a decir con estas palabras: la neurosis es equiparable a una enfermedad traumática que nace de la incapacidad de tramitar una vivencia teñida de un afecto hiperintenso.

Tenemos aquí entonces esta cuestión de que esa fijación, ese -cómo decir- quedarse o retornar a ese punto tiene que ver con una irrupción de goce, algo que ha implicado un afecto hiperintenso. Ahora, él va a aclarar algo que es muy importante, que las fijaciones son hechos que tocan a todos. Podemos decir no hay sujeto sin fijación, no hay sujeto sin modalidad de goce. Es decir que a todos nos toca la fijación. Pero él dice no toda fijación lleva a la neurosis ni coincide con ella ni se produce a raíz de ella, pero sí la vamos a encontrar. Y esto parece algo interesante para pensar. El mismo da un ejemplo aludiendo al duelo, el duelo normal digamos, porque se puede decir que es un paradigma de fijación afectiva a algo pasado. Es una fijación afectiva a algo pasado que, ahí vuelve a decir lo mismo, implica un extrañamiento del presente y del futuro. El sujeto en el duelo queda como tomado por ciertas cuestiones que tienen que ver con el objeto, con lo que el sujeto ha sido como objeto para el otro, digamos. Y queda en ese punto que a veces tiene forma de nostalgia, de tristeza, pero referido a algo que impide la captación del tiempo del presente y del futuro. Entonces esto nos lleva a preguntarnos qué es lo que le interesa probar a Freud, a qué se remite con esto. Él lo va a decir claramente, va a decir que los síntomas están plenos de sinsentido para el sujeto. No entiende lo que le pasa, no sabe de qué se trata, no sabe la causa, sabe lo que sufre pero está lleno de sinsentido. Y él dice que esos sinsentidos son la prueba cabal de la existencia de procesos psíquicos inconscientes.

Es interesante porque va a decir que el sentido de los síntomas en general es inconsciente. Pero no solamente eso. Él señala que para que un síntoma, un síntoma neurótico, se convierta en tal, es preciso que el sentido sea inconsciente. Es decir que haya ahí algo que separa el hecho, el fenómeno, de su causa y dice que en el medio hay una hiancia, un vacío. Esto va de la mano del planteo freudiano de que el inconsciente ignora el tiempo. Por lo tanto el hecho, la cuestión, de ubicar esto de que el inconsciente ignora el tiempo ya nos plantea algo que no tiene que ver con lo empírico. Es algo metapsicológico, es decir, es deducible a partir de ciertas constataciones que podemos decir convergentes. Voy a tratar de abrirlo un poco más.

Decir que el inconsciente no conoce el tiempo refiere siempre a una misma cuestión, que tiene que ver con el origen y el destino del sujeto. Es decir, de dónde viene, a dónde va y la cuestión de la transitoriedad. En la vida, digamos, en este camino, en estas preguntas existenciales, estas preguntas sobre quién es, a qué sexo pertenece -se dan cuenta que estoy planteando las pregunta neuróticas, la de la histeria, la de la obsesión- lo que Freud plantea es que el sujeto se aferra a sus objetos libidinales. Y no quiere resignar los objetos perdidos aunque ya tenga el sustituto a mano. Se ve también eso en muchos sujetos que se compraron una casa nueva o se construyeron una casa nueva, divina, y no pueden dejar la anterior. Miller en algún momento ha dicho que los obsesivos quieren quedarse con la casa nueva y la vieja, con la mujer, la anterior y la otra que conoció y quiere todas o el problema es que después no puede elegir por ninguna. Y sí. Y sí. Después vamos a ir viendo esto, de cómo justamente la obsesión es lo que ha permitido a Freud encontrar ciertos aspectos del inconsciente. La histeria por un lado, la obsesión por el otro, le han mostrado caminos muy interesantes para ubicar el tema del tiempo. Vamos a ver si nos da el tiempo hoy para poder charlarlo.

Entonces, tenemos la cuestión de que la fijación infantil implica algo que es un concepto fundamental para Freud y que Lacan retomó también como concepto fundamental, que es la repetición. Es decir que hablar de fijación implica hablar de repetición, incluso de esto que estamos diciendo, fijación infantil del goce. ¿Y que implicó para Freud? Implicó pensar qué tratamiento había que darle a estas fijaciones, tratamiento que él entendía como levantar la represión. La represión es lo que hace que justamente se mantenga esta cuestión de la repetición. Y para Freud, levantar la represión implicaba incluir, referir al sujeto, en una cronología. Es decir, volver a darle temporalidad a su historia.

Me parece que vemos aquí la manera en la que él plantea lo que produce la neurosis, y no solo la neurosis: este aferrarse a los objetos libidinales primarios y a los modos de satisfacción primarios, que son los que van a constituir, como llamamos nosotros, la modalidad de goce. Habrá que ver qué se puede hacer con esas modalidades de goce que están ahí clavadas. Esto implica claramente que el sujeto no quiere perder nada de esa satisfacción primordial. Incluso Freud decía que la satisfacción en el origen está alucinada. Alucinada quiere decir auto referida, satisfecha en sí misma, satisfecha no en el otro. Es el autoerotismo. El obtener una satisfacción del Otro, del otro con mayúscula y no autoerótica, va a implicar la necesidad de una castración del goce, de ese goce primario. Y el neurótico no quiere perder esas formas primarias de satisfacción. Entonces, concluimos con esto que para Freud el inconsciente representa lo pasado. Y que lo inconsciente es lo infantil. Por supuesto estoy refiriéndome al goce encontrado, producido, llámenlo como quieran, ese que se produce en el encuentro de lalengua con el cuerpo.

Entonces la pregunta que se hace Freud es qué hacemos en la práctica analítica. Obviamente, estamos siempre atentos a lo que llamamos neurosis infantil. En principio porque en muchos casos nos da criterios diagnósticos. Si captamos una neurosis infantil en algunos casos que parecen gravísimos nos damos cuenta que estamos del lado de la neurosis. Lo que no hace menos grave al paciente y no menos difícil el tratamiento. Siempre digo que hay casos de tratamientos con psicóticos que son mucho más fáciles que con sujetos neuróticos graves, que implican vericuetos difíciles de seguir. Pero como dice Freud hay cosas que se decidieron a los cinco años, a los tres o más atrás incluso. Miller lo plantea en algún lugar. Recuerden la cuestión del Hombre de las ratas, en donde eso que ya, digamos, es parte del inconsciente del sujeto, es anterior a su nacimiento, y tiene que ver con la culpa paterna ante la cuestión del casamiento con la madre. ¿Se acuerdan de toda la cuestión del amante, cuando tiene que decidir y elige a la madre del paciente, que es la mujer rica? Ese movimiento de anterioridad va más allá de la venida al mundo del propio individuo. Es decir que ya la existencia del sujeto es anterior al individuo. Y cuando hablamos de sujeto lo diferenciamos del individuo que es el que viene con su cuerpo. Pero el sujeto ya está desde antes.

Lacan decía que somos hablados antes de nacer. Es como una paradoja, porque los tiempos del inconsciente que lleva al pasado designan para el sujeto algo que nunca fue presente para él. Es decir, se trata de un pasado que nunca fue presente. Con esto, es algo con lo que tenemos que vérnosla. Entonces, ya tenemos una primera gran conclusión que es que el inconsciente desarregla las categorías de la temporalidad. Nos encontramos con una temporalidad que es completamente diferente, por eso es que Freud dice con todas las letras que el inconsciente no conoce el tiempo. Y por eso los deseos son tan eternos como el mismo inconsciente. Y también creo que esto -es importante señalarlo-, va a indicar que en principio las represiones nunca se levantarán por completo y que eso ya nos hace pensar que el inconsciente hace que el sujeto nazca con una pérdida. Acá es cuando nosotros entramos en la pregunta con respecto al inconsciente, si es que con el inconsciente se descubre algo nuevo. ¿Qué hay de nuevo viejo? Y acá entramos a pensar en algo que seguramente ustedes ya han trabajado que es el tema del inconsciente sorpresa.

Creo que más allá del psicoanálisis el tiempo es algo que ha preocupado siempre a la humanidad, la cuestión de la variación del sentimiento del tiempo. Hay hechos, digamos, que están, que se ven, que se pueden palpar, que tienen que ver por ejemplo con que una experiencia tenga una rapidez subjetiva o al revés. Cuando alguien habla de que está enlentecido, o en los fenómenos maníacos o depresivos, por ejemplo, ahí se nota muy bien esta cuestión con el tiempo. Hablamos muchas veces de la eternización de la urgencia, porque el tiempo aparece detenido. Hay tiempos de espera que implican angustia o indiferencia o aburrimiento, esa sensación del tiempo que no pasa. Y entonces podemos decir que para la práctica analítica el tiempo tiene un valor particular, que implica que el inconsciente por ejemplo no registra la muerte en tanto tal sino cómo pérdida. Freud dice como castración, digamos. Es decir que nosotros mismos también tenemos esa idea de elevar lo que aparece en los síntomas y en las formaciones del inconsciente, elevar eso que tiene que ver con la cuestión de la muerte, elevarlo a la dignidad de la castración. Me parece que es muy interesante pensarlo en estos términos porque nos saca de lo que serían las prácticas o las disciplinas filosóficas, sociológicas. Tenemos una concepción diferente y por lo tanto nuestra direccionalidad es diferente también.

Entonces nos ocupamos de algo que yo sé que ustedes han trabajado porque me lo comentó Paula. Y Paula, te tengo que agradecer mucho que me hayan invitado a esta conferencia, a esta charla, esta clase, no sé cómo llamar, este encuentro de hoy, porque me permitieron re encontrarme también con algo, con un tema que me tocó que me toca, que nos toca permanentemente en la clínica. Pero una vez que uno quiere transmitir algo, como decimos, hay algo de la libido que se pone en juego más allá de los significantes. Digamos que me gustó estar preparando esto. Así que vuelvo a decirles que les agradezco esta invitación porque estaba pensando en la cuestión de lo epistemológico.

Es decir que en el inconsciente hay un tiempo de saber, hay un tiempo epistemológico. Es decir lo que se sabe o lo que no se sabe. Y al mismo tiempo, y a la vez, para diferenciar, hay un tiempo libidinal. Es decir que tenemos por un lado la cuestión de saber, la cuestión epistémica, y por otro lado la cuestión libidinal referida al tiempo o referida al inconsciente. Por eso “El aserto de certidumbre anticipada”, el texto sobre los tiempos lógicos de Lacan, nos remite al tema, justamente, de los distintos momentos. El tiempo ese que implica el ver, el tiempo del saber y después el del acto, el de la prisa por concluir. Prisa, dice. Es decir que marca que uno es un tiempo largo, un tiempo más de detenimiento y el otro es el punto en donde no se puede no. Es donde hay que producir el acto y eso implica una prisa. Y eso ya sabemos implica algo del orden, de un orden que no es el orden significante, sino que tiene que ver más con lo no significante, es decir, con lo que no sabemos, lo que podemos tomar del orden no significante que es lo que tiene que ver con el objeto a.

Entonces vamos a ir por un instante a recordar lo que Lacan planteo en el Seminario 11 con respecto a la experiencia analítica del inconsciente que por un lado sería lo epistémico, lo referido a la estructura del lenguaje como un orden, como un axiomática. Es el inconsciente que implica que los significantes hablan entre sí, que tienen un diálogo entre ellos podemos decir, implica que el sujeto se posicione en el análisis, o por el discurso analítico se implique en esa cadena significante que habla sola. Y por otro lado tenemos el inconsciente como disfuncionamiento, como lo discontinuo y a partir de ahí es la pregunta de cuándo nos encontramos con lo discontinuo, cuándo nos encontramos -vamos a decir así- estas formas del inconsciente. Yo le decía recién que agradezco a Paula y a Sebastián que me hayan invitado porque me hicieron ir a un momento, a un texto que yo encontré hace unos años con el que recuerdo que abrí unas Jornadas de la EOL sobre un tema que a Miller le interesaba mucho que se llamó “Incidencias memorables en la práctica”, en la cura, Incidencias memorables, se llamaba. Y recuerdo que en ese momento mi amigo Nepomiachi me acercó un libro, un texto precioso, del cual obtuve un pequeño cuento, de un húngaro que se llama Deszó Kostolány. Es un húngaro de la época de Ferenczi, principios del siglo XX. Les voy a leer partes, es un cuento muy breve y se los voy a contar.

Empieza así: “el médico constató que yo estaba exhausto a consecuencia de lo cual debía someterme a una cura” hoy llamaríamos a eso un “estresazo”, o “burnout”, dirían los americanos. Entonces él dice: “la cura que en ese momento suele prescribirse a la gente que ha enfermado de los nervios consiste en no tener el permiso para hacer nada. En aburrirse horriblemente. Cuanto más insoportablemente sea el aburrimiento, más certera será la curación ya que ésta reposa en el mismo principio que el ayuno. Quien está asqueado de alimentarse en demasía no recibe nada para comer y entonces el hambre le vendrá de golpe. Al hombre exhausto se le prohíbe, debe afrontar un ayuno intelectual de una o dos semanas que ahoga toda su energía y lo reduce a la inacción. Es cierto que enseguida gracias a la interrupción de los apremios profesionales su sed de acción explota y su interés se contenta del menor alimento.”

Fíjense que él comienza esta sátira digamos, este satírico relato de una cura, por el lado del aburrimiento. Entonces él dice que está sentado contra una pared, una medianera completamente desnuda. Y él dice allí nada más aburrido que la contemplación. Es decir imagínense, mirar una pared blanca… pero a partir de que está mirando la pared empieza a captar los detalles en la composición. La encuentra surcada de cables con capuchones aislantes de porcelana, cerca de ella un jarro herrumbrado, a su lado alguno ladrillos cascados. Dice, “espere cinco minutos y me empecé a observar. ¿Ya me estaba aburriendo? debo confesar que no, no me aburría. La verdad es que eso me interesaba. Estaba sobre aviso y pendiente del momento en que sobrevendría el aburrimiento. No venía y en su lugar apareció el animal que simboliza el aburrimiento, la mosca. Comenzó a escalar los ladrillos, hizo fulgurar sus alas que brillaban irisadas por el sol, meneó su abdomen y con sus patas anteriores peinó sus pelos. Nunca había reparado en ese detalle. Qué poco sabía yo de los insectos. ¿Cuántas clases de mosca habrá, cuánto tiempo viven? Tantas preguntas me basculaban y ya comenzaba a esperar las respuestas. Pero claro, resistí a la tentación. Tenía que aburrirme. Uno días más tarde mi médico me llamó por teléfono para preguntarme por mi estado. Sin lugar a dudas que él cometió un error porque su voz no era lánguida si no alegre y fresca y expresaba una verdadera curiosidad que me arrancó de mi indiferencia”.

Interesantísimo esto, como el punto donde capta esto que nosotros nos preguntamos ahora en la pandemia, qué es esto del cuerpo del analista. Llamó por teléfono y él captó en el tono de voz, curiosidad, todo esto… y no la voz lánguida que esperaba que debía suceder. Entonces dice: “me preguntó si la cura andaba bien. Muy bien le contesté. Ah, entonces es un mal signo, respondió el doctor, el éxito de la cura se traduce por el hecho de que los enfermos encuentren insoportable su ocio. Yo, al contrario, hago experiencia sobre mí mismo, y encuentro muy interesante la cura del aburrimiento. No alcanza que me aburra, es necesario que la misma cura de aburrimiento me aburra. No se trata de un dolce far niente sino de una inacción penosa”.

Voy a interrumpir por ahora este relato, lo voy a retomar después, porque quiero reparar en algo que me parece muy interesante, que es la cuestión de que el aburrimiento -tal como dice Lacan en “Radiofonía” o en “Televisión”-, es la espera de otra cosa. Aunque acá parece como que el aburrimiento sería la máxima expresión subjetiva del tiempo eternizado. Ya aquí estamos en una cuestión de que se le pide a alguien que se aburra y empiece a captar detalles, empiece a hacerse preguntas; y está en relación transferencial con el médico que le había indicado el aburrimiento. Entonces nosotros podemos decir que lo opuesto al aburrimiento es la incidencia. Por eso se acuerdan que yo le decía que esas Jornadas se llamaban Incidencias memorables. Uno recuerda ciertas interpretaciones, ciertos momento de un análisis ¿no? que han tenido una incidencia que no se olvida. En general las interpretaciones se olvidan, algunas no. Algunos momentos son para siempre.

¿Qué nos dice el discurso coloquial acerca de lo que es una incidencia? Es decir la incidencia es algo que sobreviene siempre en un discurso y guarda con el discurso alguna conexión. Pero con una salvedad, es algo que surge inesperadamente, hasta podría decirse como accidente. Por eso vieron que accidente e incidente tienen como una cierta familiaridad semántica. Lacan en el Seminario 5 decía que cuando un hombre llega a una parte – hoy no es políticamente correcto decir un hombre- cuando la gente llega a una parte, construye una cárcel y un burdel. Es decir, podemos plantear nosotros: el lugar donde verdaderamente está el goce. Él decía en ese momento: el lugar dónde está el deseo, pero creo que hay que leerlo como el lugar donde está el goce. Y dice, y espera algo, tal vez un mundo mejor. Espera algo -y creo que esto es lo importante, dice él-, que sus ocupaciones exhalen aburrimiento. Y va a rematar esta frase con lo siguiente -esto está en la página 182 del Seminario 5– una ocupación solo comienza a convertirse en seria cuando lo que la constituye, es decir la regularidad, llega a ser perfectamente aburrida.

Entonces esto nos permite destacar algo que es fundamental en nuestra práctica, que es que la instauración de una regularidad nos permite revelar el valor de la incidencia. ¿Entienden lo que quiere decir no? Para poder captar la tyche necesitamos estar un automaton. Porque si no, nunca nos daríamos cuenta de que se trata de la tyche, de un encuentro con lo nuevo, con lo diferente, con lo real dirá Lacan. Entonces nos referimos a las incidencias en tanto imprevistas porque es cierto que en psicoanálisis aguardamos la tyche, la esperamos. Pero cuando se produce no es en el lugar esperado. No tengo que dar ejemplos para eso, todo el mundo sabe, le ha llegado un paciente diciéndole “esa interpretación que usted me hizo”, que uno no sabe cuál fue, “ese gesto que usted me hizo…”. Es decir que llega en el lugar inesperado. Para que tenga el carácter de acontecimiento imprevisto paradojalmente se tiene que apartar de la categoría de lo posible, de la esfera posible. Pero es verdad que sobre el fondo de lo posible esperamos y podemos prevenir su ocurrencia, casi hasta la empujamos. Pero no sabemos si se va a producir o no. Es posible que sí. Es decir que lo que es del orden del acontecimiento propiamente dicho viene de lo que no podría ocurrir o de lo que podría no ocurrir. ¿Entienden lo que quiero plantear, no?

Esa paradoja, que es con la que nosotros trabajamos cotidianamente, es decir que esto es lo que nos pone en el terreno de lo imposible en el sentido que Lacan le da a la contingencia. Entonces así como diferenciamos lo posible de lo contingente, una vez que el hecho se efectivizó, que se produjo el encuentro con la tyche, ya lo vemos como necesario. Estaba escrito -se dice-, tenía que ocurrir. O como me dijo hace unos días una paciente, nadie muere en las vísperas. Solo cuando ocurre, ahí nos enteramos, ahí es cuando después se puede decir “ah claro ya estaba escrito”. Y ese es el modo de transformar la tyche traduciéndolo en términos de automaton. O sea que después vuelve a ingresar en el terreno de esos significantes que se hablan, por eso es que ese inconsciente tan fugaz hay que agarrarlo ahí al vuelo, si no se va, desaparece.

Entonces tenemos la cuestión de que para pensar el tema del tiempo en la práctica analítica, teníamos el aburrimiento; ahora tenemos la contingencia. El aburrimiento no la admite, que es lo que plantea nuestro personaje del cuento. Bueno les voy a contar cómo sigue el cuento.

El médico entonces, como se da cuenta que va todo más o menos al fracaso, le dice que se ocupe de repasar las tablas de multiplicar. Nada más automático que eso para casi todo el mundo. Pero por supuesto el incidente adviene. Se olvida de la tabla del siete. Claro, una vez que el tipo se olvida de la tabla del siete se pone a pensar por qué se olvida de la tabla del siete. Claro, dice, es un número signado por la mala suerte. Ya le empieza a dar una significación a su olvido A la aparición inconsciente del olvido, ahí el escritor, el que relata dice, bueno, que ahí él recuerda, tiene un recuerdo infantil que era el del profesor de aritmética. El profesor de aritmética que era una pesadilla, una pesadilla severa y querida –dice- y que después de la jubilación llevaba un diario sobre los ex alumnos, sobre los caminos que recorrían, sobre lo que hacían; era como una especie de panóptico ¿no? Esto representa lo que nosotros decimos del inconsciente concebido como un saber ¿no?, como la memoria, la que lleva la memoria. Eso hace que si bien se cronologicen los hechos, al mismo tiempo produce cierto tipo de eternización. Por eso es que el inconsciente de la experiencia analítica que cuenta con la presencia viva del analista, con su interpretación, con su acto -aunque sea por teléfono, lo decimos bajito, pero es así- establece una conexión entre el fuera del tiempo del inconsciente o como se dijo de él entre su pasado definitivo con el presente del analizante.

Entonces, llegamos a esta idea de que la interpretación analítica es esencialmente temporal. No puede ser dicha en cualquier momento o en cualquier contexto, se inscribe bajo una dimensión específica que es la de la sorpresa. Por eso creo que, -yo lo he subrayado en muchas ocasiones, así como la existencia de la preparación del acto analítico- un acto analítico se prepara de un modo parecido como se prepara un chiste. Quiero decir que se puede esperar. Uno espera la interpretación del analista. Pero si no sorprende, si no aparece por el lugar un poco de costado del lugar en la que se espera, porque se espera, insisto, se espera la interpretación, pero si no sorprende no se despliega ese factor libidinal que es el que despierta en nosotros y que se despierta en nosotros, en nuestra parroquia, lo digo por el tema de la preparación del chiste, ¿no? Para que un chiste se pueda entender tenemos que pertenecer a la misma parroquia. Pero hay algo que se va preparando en el decir, en el juego de palabras, hasta que pum, cae el remate de los chistes y ahí produce ese efecto de plus de satisfacción, que yo creo que la interpretación produce, o debe producir ese plus, ¿por qué no decir de satisfacción? Si no hubiera esa satisfacción ¿por qué la gente vuelve a la siguiente sesión, y a la siguiente y a la siguiente y durante tantos años? Tomo el tema de la sorpresa que me parece fundamental porque justamente es el momento que no es homogéneo con relación a lo restante del tiempo. Esto lo ha planteado muy bien Miller en el Seminario que dio en Brasil sobre La Erótica del tiempo. Dado que la interpretación no es un acontecimiento imprevisto y al mismo tiempo es un acontecimiento imprevisto, se espera pero tiene ese carácter de imprevisto, en el tiempo de regularidad y espera. Entonces creo que en esa misma espera podemos pensar que está el valor de goce que no se desprende del valor de verdad, porque la verdad siempre se fuga. Por eso digo que se la agarra un instante y después pum, vuelve a desaparecer. De ahí la pregunta acerca de en qué consisten las incidencias memorables en la cura analítica o cómo lograr la transmisión de un saber que implica la transformación en el encuentro con el psicoanálisis o mejor dicho con el psicoanalista, porque esto no es sin transferencia, obviamente.

Entonces, oponemos el inconsciente como saber, al inconsciente como sujeto y van a ver por qué digo esto. El inconsciente como saber implica el automaton de las leyes de la compulsión, y de ahí es de donde el sujeto es esclavo. El inconsciente como sujeto que está más del lado de la discontinuidad, está llamado a las cita pero aparece, -no sé si decir cuando quiere-, pero aparece en determinados momentos. Por eso es que nosotros siempre esperamos al sujeto. Incluso me atrevo a decirlo aun en la psicosis.

Yo les decía que Miller plantea en La erótica del tiempo, que el sujeto del deseo es como una báscula –dice-, una báscula incesante del ser y la nada que se desliza en la cadena significante. Me parece muy profundo este pensamiento porque tiene que ver con ese presente instantáneo, ese presente del cual se sustrae a cualquier duración. Como vengo planteando ya, con la paradoja evidente de que solo podemos pensar el tiempo a partir de un instante sin duración, es decir, que es un presente infinitamente estrecho. Por eso el presente es un instante, como la felicidad (risas). Pero hay otro presente, un presente que es el que tiene un espesor y es el que nos permite pensar la transformación del sujeto en la práctica analítica. Ese espesor viene de la libido. O sea el S barrado es el instante. El objeto a trae el pathos del alma. Con la duración, con las sustituciones, el objeto a como tal vuelve el tiempo no homogéneo, opera estrechamientos y dilataciones del presente. Entonces, ahora les cuento cómo concluye el cuento sobre el aburrimiento del húngaro.

Sobre qué punto el médico interrumpió el tratamiento del aburrimiento. Cuando le explica a nuestro fatigado paciente que aquello que es medicamento para algunos es veneno para otros. Así lo despidió sin más. Y entonces termina el cuento diciendo así: “En cuanto a mí, en mi desesperación, me he remitido a fumar entre diez y treinta cigarros por día, como antes. Frecuenté los teatros y los círculos donde discutían los acontecimientos interesantes, compré y leía las novelas que vienen en varios volúmenes cuya tapa anunciaban lecturas palpitantes. Y busqué con predilección los lugares de distracción con programas variados. De ahí en más me puedo considerar curado. Es infernal lo que me aburro”.

Quiere decir que reunirse en busca de modernas lecturas palpitantes en varios volúmenes o suponer que se hallará un lugar de programa variado, probablemente se transforme en el lugar para el bostezo y el tedio, para el aburrimiento. Pero un cambio, estar dispuestos a transitar por los pormenores de los muros desnudos de las paredes que no dicen nada para captar lo que allí se posa, ubicar los divinos detalles, mirar hacia los lados para captar esos detalles, quizás implique justamente encontrar lo no previsto. No sé si tenemos tiempo Paula.

Paula Vallejo: Sí sí, tenemos.

Ricardo Seldes: Entonces, creo que la transmisión del psicoanálisis por austera que parezca, nos puede proporcionar siempre un grano de saber, que yo llamo precioso, por quienes deciden tomar esta vena del deseo como una verdadera apuesta por un deseo de trabajo. Por eso esta cuestión de cómo se tramiten los conceptos psicoanalíticos me parece que siempre es por la vía de un deseo Y por la vía de una transmisión de eso que tiene que ver con lo epistémico, pero si uno no le pone ese granito, ese plus, es muy difícil.

Quiero pasar a otro tema pero que está muy relacionado con lo que vengo diciendo, que está en el programa, Paula, no te comenté que lo iba a tomar, no sé si ustedes ya lo tomaron, que es eso que dice Lacan en Estados Unidos, cuando está en Baltimore y dice “el inconsciente es Baltimore al amanecer”.

Paula Vallejo: No, aún no lo hemos trabajado.

Ricardo Seldes: Fíjense que todos habrán escuchado que cuando Lacan fue a dar ese Seminario en Baltimore comentó algo que le había sucedido a él, una experiencia personal, en un momento que está mirando por la ventana desde el Hotel. Y él cuenta que pensó que el inconsciente es Baltimore al amanecer. En principio aparece la cuestión de la relación entre el inconsciente y un momento del día, es decir que tenemos aquí ya una pregunta o una respuesta, si quieren, acerca de la temporalidad. Él dice que es un momento del día particular donde todavía está un poco oscuro, recién había algunas luces, pero lo que lo impacta a él de lo que ve por la ventana es el cartel de neón con la hora, aparecía otra vez el tiempo. Había tráfico pesado ya por la hora y entonces él tiene la idea de que todo lo que podía ver por la ventana en verdad era el resultado de sus pensamientos. Como si dijera: no tiene que ver con una percepción, o en todo caso si tiene que ver con una percepción es un estado que plantea algo del orden de los pensamientos.

Y entonces Lacan se pregunta ¿Cuál es la función del sujeto si el inconsciente está constituido por pensamientos? Claro ustedes ya han trabajado los discursos, esto se lo pregunta unos años antes, esta es la época más de la lógica del fantasma. Pero él se pregunta ahí cuál es la función del sujeto si el inconsciente está constituido por pensamientos. Entonces su respuesta es que obviamente en las palabras siempre hay un plus. Siempre preguntarse, porque se está preguntando qué quiere decir el sujeto si el inconsciente… tal cosa. Qué quiere decir el sujeto. Cuando uno se hace la pregunta por qué quiere decir algo Lacan dice estamos ya del lado del inconsciente. Nos estamos preguntando por eso que no sabemos de qué se trata, en esa diferencia que hay entre la enunciación y el enunciado, entre el decir y el dicho, porque las palabras traicionan habitualmente, como se dice al tener un lapsus, me traicionó el inconsciente, bum! apareció algo, el acto fallido por ejemplo. Es decir, que ahí se capta una verdad, una supuesta verdad. Entonces esto lo lleva a ubicar la cuestión de que en el deseo es necesario ubicar que no hay un deseo sin tal inconsciente. Porque se trata de un saber que no se sabe. Entonces la pregunta viene por el lado de qué se busca en el saber y lo que se busca en el saber es una respuesta de lo que es lo real para el psicoanálisis, que es la relación sexual. Entonces Lacan dice que el inconsciente da respuestas, ya que el hecho de que no hay relación sexual es un axioma sobre el saber que le falta al inconsciente. Curiosamente, al mismo tiempo, lo que el saber inconsciente articula es que no hay relación sexual ¿Cómo lo dice? Lo dice inventando respuestas disparatadas. Por eso el saber inconsciente repite siempre lo mismo, porque no sabe lo que hace.

¿Qué había acontecido la noche anterior a que Lacan formulara esto de que el inconsciente es Baltimore al amanecer? Yo leí un texto que alguien me mandó de lo que surgió en un comentario que hizo Lacan de que la noche anterior él había pedido que le corrieran una mesa de trabajo que había ahí en el cuarto del hotel y que se la pusieran delante de la ventana, de esta famosa ventana. Y que cuando se dirigió al conserje que por supuesto le hizo la clásica pregunta May I help you? (¿en qué puedo ayudarlo?) él le dijo que quería eso. Y ahí hubo toda una serie de enredos porque el tipo le dijo bueno pero esto no me lo tiene que pedir a mí, se lo tiene que pedir a la gobernanta. Y la gobernanta entonces… él le dice discúlpeme y le pide a la gobernanta. La gobernanta manda a dos tipos. Él hace todo un juego entre John y Jack que son los que le trasladan la mesa, dice yo soy Jack… si quieren después lo comento más. Se arma todo un lio por esta cuestión de que él no había sabido respetar la jerarquías dentro de cómo, a dónde y a quién había que pedir el cambio de la mesa. Entonces, él había desestimado digamos, no había entendido esta cuestión.

Entonces, él dice, “en toda esta historia el sujeto soy yo, porque era el deseante y no porque di la orden y obtuve una satisfacción. Sino porque me equivoqué cómo formular el pedido”. Y entonces dice “esto me permite hacer la diferencia entre el sujeto y subjetividad. El sujeto es el de la falta pero la subjetividad en juego se vio en mi impaciencia”. Porque el sujeto no es algo intra o extra, o inter subjetivo. Entonces él dice, “sí, tuve esta falta que significa la subjetividad en una sociedad en donde todo esto pareciera que está listo para que uno pida, ante esta cuestión de que uno se refiere a alguien y le dice May I help you? Entonces dice, “este era el estado previo a plantear que el inconsciente es Baltimore al amanecer”. Laurent retoma esta cuestión de esta frase en su libro Ciudades analíticas. Se los voy a hacer breve; él hace un recorrido muy precioso acerca de las ciudades, de cómo las ciudades se construyen unas arriba de otras que existieron en el pasado. Nos lleva también a esta cuestión del tiempo, pero dice fundamentalmente, recuerda, que probablemente Lacan durmió poco o no durmió nada esa noche. Y que la subjetividad que se exteriorizó no fue algo fenomenológico, o sea que lo pensamientos que tiene frente a la ciudad no reenvían a un sentido. Y si, Laurent dice,” hay algo que está en el exterior como en el interior sin que haya una subjetividad individualizada para tomarlos a su cargo”.

Entonces sea en el sueño sea en el trabajo, el espacio del inconsciente siempre es el de los pensamientos. Pero la presencia del tiempo no está en los pensamientos. La presencia del tiempo está en dos lugares, Laurent dice, “está en dos lugares, está en la luz de neón, porque no hay significante fuera de la pulsación significante, es decir la apertura y el cierre del inconsciente”. Y cuando Lacan hace referencia a la subjetividad, hay que buscarla en otro lugar que al sujeto porque justamente hace referencia a esto de las organizaciones colectivas. Lacan dice “bueno yo no sabía cómo había que hacer”. Se burla un poco de la cuestión de los estados Unidos, los franceses se burlan de los americanos y los americanos se burlan de los franceses, Ya se miran mutuamente, en fin, hay toda una historia de amor y odio entre los americanos y los franceses que es muy divertida. Pero lo que se plantea justamente es que la subjetividad es esto que mucha veces Lacan ha dicho con la pregunta cómo se vive la subjetividad, cómo se vive la pulsión, es decir la subjetividad desde ese punto de vista en una determinada sociedad. Es decir que la subjetividad ya implica algo que tiene que ver no solo con la cadena significante, con los pensamientos, si no con, -él dice-, la impaciencia. Me equivoque, eso que aparece de una manera un poco, completamente distinta, pero que toca, no puede trabajarse sobre la cuestión de la cadena significante sin ese elemento libidinal.

Entonces ya voy a empezar a concluir. Nosotros tenemos también la sesión analítica que tiene esta regularidad que de un modo constituye en esa regularidad cierta formalización de lo real porque instaura el significante en lo real, es decir, introduce un horario, en cierto momento, un tiempo, un local, aunque hoy sean los rectángulos del zoom digamos, pero en dónde se pone en juego la subjetividad es en la apertura y cierre del inconsciente, en el relámpago imprevisible, como decíamos antes, el que nunca está en el tiempo y el lugar en que se lo espera. Después si quieren retomamos esto pero concluyo diciendo que lo que me parece que aprendimos en el Seminario 11 es que además del inconsciente fugaz, evasivo, está la dura repetición, es decir que el inconsciente a partir de que hay un analista se muestra, porque nosotros lo llamamos, porque nosotros lo convocamos, y tenemos entonces un aspecto superyoico que es el que se repite en las fórmulas que se ven muy bien en la obsesión pero que son fórmulas que intentan elaborar algo. Es decir que una compulsión es una repetición, un ritual, por ejemplo la verificación de si las puertas están bien cerradas, si están con llave, si la llave de gas, etc., ustedes ya saben.

Pero ¿qué es lo que se repite? Se repite siempre lo mismo como si fuera la primera vez, o sea que ahí, en los rituales obsesivos, no hay una acumulación de saber, se hace siempre como si fuera la primera vez. Es decir que entonces, para poder hacer algo con ese inconsciente que no se modifica, incluimos el sujeto supuesto saber con la pregunta de lo que eso quieres decir y la dimensión de lo que Lacan ha llamado la transferencia que es” la puesta en acto de la realidad pulsional, sexual del inconsciente”.

Y fundamentalmente, entender que la repetición implica la evitación de un encuentro con lo real o sea que la repetición es repetición de la evitación de un encuentro con lo real, que dijimos al principio que es lo traumático, en el sentido de lo no asimilable. Es decir que se trata siempre de evitar el encuentro con un núcleo de real. Obviamente cuando decimos eso es porque no hay palabras o respuestas, imágenes semblantes, y eso hace que se ponga en el lugar repeticiones que llevan las cosas al infinito. Entonces, para concluir decimos que el inconsciente como sujeto supuesto saber es el que introduce el tiempo en el inconsciente y Lacan va a plantear entonces, como recién decía, que la transferencia como puesta en acto de la realidad sexual produce algo en la concatenación de los significantes y abre el camino hacia lo no significante para producir algo. Y esta es la pregunta con la que concluyo. ¿Para producir qué?

Paula Vallejo: Bueno, muchísimas gracias Ricardo por tu exposición, por tu recorrido, tu estilo, que de alguna manera viene justo al punto que estábamos trabajando nosotros sobre el inconsciente en relación al entramado inicial, primario, entre el saber y el goce. Y vos hiciste un recorrido muy preciso para ubicar precisamente esto. Yo quisiera ahora abrir a la preguntas, tenemos unos minutos, si alguien quiere levantar la mano o por chat tomar de ahí también. Te pregunto mientras tanto algo que me quedó, que me interrogó. Esa tención que dijiste siempre hay en la experiencia entre lo que se espera y lo que sucede. Esta idea de lo que vos mencionaste como la preparación del acto analítico, que obviamente no es una cuestión voluntaria, sino que tiene que ver con seguir cierta textura de la sesión misma, en donde se espera sin saber cómo va a hacer, pero solo es si se sanciona como tal, a posteriori. Y yo me preguntaba, recordando algunas lecturas de hace muchos años, si esto que hablamos de la preparación del acto analítico es lo mismo que decir el cálculo de la interpretación. La palabra cálculo sobre todo es la que me interroga, para diferenciarla de esto que mencionas como lo que se espera, ya que el cálculo parecería más bien depender de una conciencia o de una voluntad. Ese sería el punto, esa tensión sobre la que quisiera que hablaras un poquito más.

Ricardo Seldes: A mí me interesa mucho el tema porque evidentemente el cálculo de la interpretación está relacionado con lo que llamamos el tacto, el tacto del analista. Me encanta, a pesar de no ser tan antiguo, -vieron que los lacanianos de los setenta todo el tiempo estaban cortando las palabras, en eso identificamos al viejo-, me encanta poner t – acto porque el tacto apunta al acto analítico.

Creo que el tacto tiene que ver con el cálculo de la interpretación que es captar la oportunidad, el kairós. El inconsciente ¿calcula? Es una pregunta, porque cuándo Lacan plantea la cuestión de cómo producir esa transformación de goce en significante o al revés, de significante a goce, uno se podría preguntar si hay un cálculo del inconsciente o, pum! hay que agarrarlo justamente en el momento oportuno. Hay una memoria, es verdad, hay una memoria inconsciente, a veces el inconsciente de uno se anticipa y nos da algunas muestras que si sabemos leerlo, a mí por lo menos me sirven, a mí digo a nivel de mi subjetividad, no de la práctica, me sirven para captar algo. Creo que sí, el cálculo de la interpretación implica algo de la preparación del acto.

Preparar el acto quiere decir asegurar las condiciones respecto del modo en que se va a intervenir. Yo llamo interpretación a toda intervención del analista más allá si son palabras o no, para mí tiene valor de interpretación incluso aunque no sea, aunque no esté calculada ni voluntaria porque como dije antes hay veces que ciertas cosas que ocurren son tomadas como interpretación del analista sin que se lo haya propuesto, es decir que ya esa misma presencia, en el cuento me pareció divino, el tipo dice yo esperaba otra voz del médico, una voz más circunspecta y escuché a alguien que estaba interesado, curioso. Y en nosotros el cálculo de la interpretación también implica ese momento de apuro. La sesión no se sabe cuánto va a durar hay cierto apuro ahí, hay cierto empuje para que se diga y me parece muy importante para pensar esa diferencia que hay entre lo que es el inconsciente repetición y el inconsciente hallazgo. Creo que es fundamental para pensar este tema de que sí, necesitamos una regularidad que es parte de la preparación, se prepara ahí la interpretación, el acto yo diría, es la preparación del acto, de la interpretación en tanto tal, en tanto acto, y el cálculo es -Freud decía uno no le va a decir al paciente en las primeras sesiones “usted quiere matar a su padre o a su jefe”-. Hay cierto cálculo también de la oportunidad del tiempo y cómo se le habla, porque aunque compartamos el lenguaje tenemos que captar cuáles son esos significantes de lalengua y cuando digo lalengua lo digo a propósito no digo qué lenguaje hablan, qué lengua hablan, en el sentido que uno puede ir captando en cada oportunidad algunos significantes que tienen cierto peso propio, ubicando por qué se repiten, por qué se eluden, por qué se incluyen en un equívoco, es decir que son ciertos significantes que ya tienen peso libidinal. Y en el encuentro con el analista en el cálculo de la interpretación uno también tiene presente esos ciertos significantes, uno no se acuerda todo lo que le dicen los pacientes, pero siempre queda algún significante ahí -diría Ferenczi- en el preconsciente, que permite llevar el cálculo de la interpretación. No sé si respondo con esto.

Paula Vallejo: Sí, gracias. Bueno, tenemos una pregunta por el chat y una pregunta de alguien que levantó la mano. La pregunta de Paula Ruiz: ¿cómo podemos pensar cuando esta ruptura y la sorpresa vienen del lado del analista?

Ricardo Seldes: No entiendo bien la pregunta. ¿Cuándo el analista se sorprende sería?

Paula Vallejo: Si, yo entiendo así. ¿Cómo podemos pensar cuando es el analista el que se sorprende y no el paciente?

Ricardo Seldes: ¿Quién hizo la pregunta?

Paula Vallejo: Paula Ruiz. ¿Es esa la pregunta a Paula? ¿Querés agregar algo? Tu pregunta es ¿el analista sorprendido? Aclará un poquito más tu pregunta.

Paula Ruiz: Mi pregunta tiene que ver con cuando es el analista el que se sorprende sobre sus propios dichos, digo ahí quizá en una atención flotante, y comete un fallido el analista. Esa era mi pregunta. O se sorprende sobre su propia interpretación, no sé si es claro.

Ricardo Seldes: Cómo pregunta es clara, como respuesta no sé. Estaba pensando que el otro día trabajamos en Pausa un caso, estamos trabajando una de las cuestiones que nos lleva siempre a la pregunta de los efectos de la transferencia en el analista, que creo es un poco hacia dónde va la pregunta de Paula Ruiz. Los efectos, en el analista, de la transferencia; donde el analista aparece por momento en posición subjetiva. Entonces surgió el caso de una colega que tiene un paciente muy complicado y que ella se olvidó de ir a la sesión. Había hecho un cambio de horario y se olvidó de ir a la sesión. Ella angustiadísima. No sabía qué hacer. Se sorprendió, se angustió, fue al analista, fue al supervisor, antes de que el paciente volviera a la siguiente sesión. Cuando volvió a la siguiente sesión el paciente le dijo “qué importante lo que pasó, qué importante que usted no hubiera estado ese día. Porque a mí me hizo pensar que siempre estoy a la espera de que todo sea cómo yo quiero y usted me demostró algo”. En fin, hizo toda una interpretación que para ella…, por supuesto que ella no dijo una palabra de todo lo que le había producido. Nosotros, me parece, que experimentamos la sorpresa de la angustia, la angustia que nos puede causar determinada situación, a veces de urgencia, situaciones donde un paciente amenaza con suicidarse por ejemplo, le puede pasar a cualquiera, pacientes que están en tratamiento, pacientes que no están en tratamiento. Y eso produce un efecto subjetivo que requiere de una elaboración por parte del analista, requiere de una elaboración que en general no se hace solo. Yo por ahí voy un poco a situaciones extremas, no sé muy bien el caso específico que Paula Ruiz plantea, pero muchas veces nosotros nos sorprendemos por el efecto que tuvo una interpretación no provocada. Yo recuerdo que también está el caso al revés, me acuerdo que los primeros años de mi práctica fui una vez a supervisar, feliz, contento porque había hecho una interpretación magistral. O sea que yo había quedado sorprendido, encantado de la interpretación que hice, del efecto que produjo en el paciente. Yo creo que fui a mandarme la parte a la supervisión, me di cuenta por el efecto, por la respuesta que tuvo el supervisor cuando yo le hice todo el despliegue de lo que había pasado en la sesión y de lo magnífico que había sido; me dijo, “hiciste lo que tenías que hacer”. Pum! Eso me sirvió para hacer, es decir, fue una incidencia memorable en la formación analítica, es decir qué hay incidencias memorables de ciertas cuestiones que a uno lo tocan con un efecto de verdad implacable. Por supuesto yo tenía una gran transferencia con el supervisor pero aparte de eso entendí lo que me dijo, entendí ese planteo que me hizo, cómo justamente la posición del analista ahí tiene que hacer un esfuerzo por ni angustiarse demasiado ni por mandarse la parte, por vanagloriarse demasiado, sino que uno hace lo que hay que hacer, lo que puede, hay que ver en cada momento y en cada momento de su propia formación, porque eso también influye. Pero no sé si esta es la pregunta o es el camino de lo que lleva a lo de Paula, sería abrir a otro terreno.

Estamos en la cuestión del tiempo, en la repetición y en lo fugaz y en la sorpresa.

Rosana Salvatori: Hola. Gracias Ricardo, maravilloso el desarrollo. Me quedé pensando lo que planteaste primero sobre la Conferencia XVIII de un modo muy interesante que es sobre la fijación al trauma qué ahí Freud dice, -o es tu lectura no lo sé-, que no hay sujeto sin fijación, pero no toda fijación remite a la neurosis. Y después me gustó mucho lo de esperamos al sujeto aún en la psicosis, podríamos decir entonces que habría que buscar siempre al sujeto en la psicosis o habría el sujeto en la psicosis. Y que entonces eso implica para la clínica el trabajo con los desabonados del inconsciente, apuntar no a la rectificación subjetiva como decía Lacan pero sí a la posible responsabilidad del sujeto, si hay sujeto, y bueno me parece toda una orientación. Porque si no, a veces, hablar del inconsciente supone interrogar qué trabajo con la psicosis. ¿Hay fijación, hay trauma? Bueno no sé qué opinas sobre esta cuestión, te quería preguntar si podías decir algo más en relación a las psicosis.

Ricardo Seldes: El pez por la boca muere, así que, efectivamente yo lo dije, tengo que hacerme responsable de lo que dije. Por algo me surgió en ese momento, porque creo que sí, también ha sido parte de un debate para mí, el tema de pensar aunque a veces parezca un poco loco yo, decir bueno de cada individuo que consulta hay que captar el sujeto, porque es dignificarlo, es darle una dignidad de que aún en los casos más terribles, aun donde aparece justamente, más del lado del objeto, a veces del objeto de desecho, encontrar eso que primero le permita ser escuchado, más allá de si nos ponemos como secretario del alienado, de esas diferentes maneras que podemos pensar la ubicación de la analista con sujetos psicóticos, es poder captar fundamentalmente que los hechos de los fenómenos de goce están siempre relacionados con algo que tiene que ver con la alienación. Es decir que los fenómenos de goce que son los que se captan inmediatamente en la psicosis aparecen como del lado de la separación, por eso Lacan dice que la separación parece anterior a la alienación en la psicosis y parte de nuestra tarea es poder captar de qué discurso ha caído un sujeto, cuáles fueron las condiciones. Por eso, siempre cuando se ha producido un brote, más allá de que sea paranoico o esquizofrénico, nos preguntamos en qué condiciones, cuál ha sido la articulación discursiva de la cual ha caído, se ha desenganchado. Cuál es el antes y el después. Para mí eso implica la inclusión de lo que llamo el sujeto en la psicosis para que (inaudible) ¿obtener una estabilización implica una invención? En todos los casos, pienso, que se trata de obtener algo que le permita vivir mejor, con menos sufrimiento y vivir mejor.

A mí me parece que esto lleva a lo que les decía en un momento, lo que le permitió a Freud descubrir de la histeria y de la obsesión. No me acuerdo si fue en la Conferencia del Teatro Coliseo (2008) que Miller dijo, del lado de la histeria está el swing, del lado de la obsesión está el Zwang, la compulsión. Son dos modos completamente distintos de la captación del inconsciente. El inconsciente que nos presenta la histeria es ese vacío, el que se fuga, la misma histérica se fuga. El obsesivo es el que hace esa repetición permanente, siempre lo mismo. Es la permanencia del síntoma siempre igual a sí mismo. Que es lo que en su primera enseñanza Lacan llamó la palabra vacía. La palabra vacía, esa que siempre repite lo mismo, sin que eso produzca nada de lo nuevo. Es decir, es el síntoma que no deja de escribirse permanentemente, es un síntoma escritura, pero que no se lee, es como si dijera ya está, eso está escrito así.

Y por eso nosotros, -dejemos un poco de lado la psicosis-, en cualquier tratamiento psicoanalítico decimos que hay que histerizar al sujeto. Es decir, pasar por el discurso histérico donde el sujeto apunta a lo que decimos que está, puede estar en una posición de preguntarse, de buscar lo nuevo, lo que el discurso analítico justamente permite, producir esos significantes novedosos, como yo decía antes, que marca la diferencia de la repetición obsesiva, que está en todos, la repetición que tiene que ver con el Uno, con el “hay Uno”, ese Uno que se repite, insiste, insiste. Podrían decirme, itera. Es decir que no produce algo nuevo, mientras que del otro lado, más del lado de la histerización, volvemos al cálculo de la interpretación y a la preparación. Creo que histerizar el discurso de todo paciente implica la preparación del acto y el cálculo de la interpretación. No sé, creo que lo que nosotros nos proponemos es ir raspando un poquito ese goce del Uno que condena al sujeto siempre a los signos antiguos, y tratar de reproducirlos para que algo de eso dé una nueva posibilidad, como dice Lacan en Seminario 11 para que la gente no se tome tanto trabajo para satisfacerse, Rosana.

Paula Vallejo: Buenísima esa frase última: “raspar ese goce del Uno que condena al sujeto”.

Rosana Salvatori: Me la voy a anotar yo también.

Paula Vallejo: Eso es lo que tenemos que hacer. Bien, hemos llegado al final. Quiero agradecerte Ricardo por tu despliegue, tu generosidad clínica porque en lo que trasmitiste hay mucha transmisión clínica del detalle, que en un espacio como este del Seminario es muy apreciada, muy valiosa por la formalización que implica. Te agradezco en nombre de todos. Y ojalá se repita esta experiencia que nos quedó un poco corta hoy, pero bueno, será otra vez.

Desgrabación: Laura Lago.

(Versión no revisada por el autor).

Agenda

JUNIO

Sábado 01

– 10.00hs Seminario de Casos III
– 11.30hs Taller de Escritura

Miércoles 05

– 15.30hs Seminario de Casos I
– 17.00hs Seminario Clínico
– 18.30hs Seminario Introductorio

Sábado 08

No hay clases.

Miércoles 12

– 17.00hs Seminario de Lectura de Lacan
– 18.30hs Seminario de Lectura de Miller

Sábado 15

– 10.00hs Seminario de Casos III
– 11.30hs Taller de Escritura

Miércoles 19

– 15.30hs Seminario de Casos I
– 17.00hs Seminario Clínico
– 18.30hs Seminario Introductorio

Sábado 22

– 11.30hs Seminario Avanzado

Miércoles 26

– 17.00hs Seminario de Lectura de Lacan
– 18.30hs Seminario de Lectura de Miller

Sábado 29

– Es 5° sábado, no hay clases.